lunes, 24 de octubre de 2011

La guerra secreta de Obama


La crisis económica está llevando la administración Obama a privilegiar la acción militar secreta por sobre las guerras convencionales. También ha elevado las llamadas «operaciones militares especiales» a un nivel nunca visto anteriormente. Los asesinatos con el uso de aviones sin piloto y la saturación de los medios de difusión a través de redes de informadores fantasmas organizados para desestabilizar países son las dos expresiones fundamentales de ese tipo de acciones.


En momentos en que los ataques aéreos contra Libia se elevan a 11 500 y el secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, pide a los aliados que aumenten sus gastos militares y que se impliquen más en la guerra, la guerra se extiende por la región del Medio Oriente y el norte de África bajo formas menos visibles, aunque no menos peligrosas, y nuevos frentes siguen apareciendo sin cesar.


La CIA, según un funcionario de esa agencia estadounidense citado por el New York Times, está construyendo una base secreta en el Medio Oriente para lanzar ataques con aviones sin piloto en territorio yemenita. Se trata de aparatos Predator/Reaper –que ya están siendo utilizados en Afganistán, Pakistán y Libia– equipados con 14 misiles Hellfire y teledirigidos desde una base situada en Nevada (Estados Unidos), a más de 10 000 kilómetros del teatro de operaciones.


Desde que entró en funciones, «el presidente Obama ha aumentado drásticamente la campaña de bombardeos de la CIA en Pakistán utilizando aviones sin piloto», los mismos que espera utilizar para «extender la guerra a Yemen». La administración los considera «como el arma preferida para perseguir y matar militantes en países donde no es posible una fuerte presencia militar americana».


El Comando de Operaciones Especiales de Estados Unidos (United States Special Operations Command, UsSoCom) está operando actualmente en Yemen, en cooperación con la CIA y autorizado por el poder ejecutivo de Sanaa. Sin embargo, debido a la «fragilidad de ese gobierno autoritario», la administración Obama está preocupada por el posible el surgimiento de un futuro gobierno que no tenga la capacidad, o la disposición, para respaldar las operaciones estadounidenses.


Así que ha encargado a la CIA la construcción de la base secreta en una localidad no identificada del Medio Oriente, para poder emprender «acciones secretas sin apoyo del gobierno receptor».


Lo anterior confirma que la administración Obama está intensificando la guerra secreta en todas sus variantes. Como declara oficialmente el UsSoCom, la guerra secreta incluye: acción directa para destruir objetivos y eliminar o capturar enemigos; guerra no convencional realizada por fuerzas externas entrenadas y organizadas por el UsSoCom; contrainsurrección para ayudar a los gobiernos aliados a reprimir una rebelión; operación sicológica para influir en la opinión pública extranjera en aras de respaldar las acciones militares estadounidenses. Esas operaciones se realizan recurriendo al uso de tecnologías cada vez más avanzadas.


Entra en ese marco la decisión de la administración Obama, divulgada por el New York Times, de crear a escala mundial «redes de la sombra en materia de Internet y de telefonía móvil que puedan ser utilizadas por los disidentes para evadir la censura gubernamental». El Pentágono y el Departamento de Estado han dedicado a ello, hasta el momento, no menos de 50 millones de dólares. Esas redes se conforman mediante el uso de pequeños maletines especiales que, ya introducidos en determinado país, permiten la comunicación con el exterior a través de ordenadores y teléfonos móviles, de forma inalámbrica y codificada, evitando así controles y prohibiciones gubernamentales.


Oficialmente, el objetivo de Washington es «defender la libertad de palabra y promover la democracia». Las redes inalámbricas clandestinas, proporcionadas únicamente a los disidentes que sean útiles a la estrategia estadounidense –en Siria o en otros países– y controladas por Washington, son las que más se adaptan a la difusión mediática de informaciones fabricadas, en el marco de las operaciones sicológicas tendientes a preparar a la opinión pública para nuevas guerras